La Actividad Comercial y la Conformación de los Grupos Comerciales en Ciudad Juárez

 Por:  Miguel Angel Martínez Rodríguez 

    El presente trabajo se tiene que leer simplemente como una aproximación general del papel que históricamente ha significado el comercio en nuestra ciudad. Varias limitantes impiden observar a profundidad la importancia que desde tiempo atrás ha tenido la circulación de toda clase de productos en una población situada estratégicamente al límite norte de nuestro territorio nacional, y en contacto directo con el mercado estadounidense. Lugar tradicional de paso durante muchísimas décadas, Ciudad Juárez (bajo las denominaciones que ha tenido: Misión de Nuestra señora de Guadalupe, y Paso del Norte) fue uno de los puntos de la avanzada española en busca de pueblos que colonizar y de riquezas que encontrar. El Camino Real de Tierra Adentro o Camino de la Plata, es parte de la leyenda que atrajo a los primeros españoles que la fundaron.[1]

    Sin dejar de reconocer la existencia y el intercambio que se producía entre pueblos nativos antes de la llegada española y las transformaciones que introdujeron los establecimientos novohispanos en la región, vemos que en el siglo XIX es cuando empieza a producirse un mayor auge comercial, debido, sobre todo, a que para estas fechas no sólo la potencia española estaba interesada en poseer los bastos territorios ameroindios. También Francia y Estados Unidos avanzaban peligrosamente y amenazaban desde las primeras décadas del siglo XIX con adueñarse de esos territorios. Esta situación permitió una mayor afluencia no sólo de personas, sino también de mercancías.

    Otro factor, tal vez el más importante en relación al auge comercial, tiene qué ver con los cambios que a un nivel más general se estaban produciendo en el seno de las economías europeas y en la nación norteamenricana. El pensamiento del laissez faire, la búsqueda de mercados, la expansión de la economía, etc., nos hablan de la llegada del capitalismo a nivel global.

    No es la intención, como ya se mencionó, hacer en este trabajo un recuento histórico de la vida comercial de Ciudad Juárez, pero para caer en cuenta de cómo fue evolucionando esta situación, tan sólo retomaremos algunos datos que nos hablan del paso del siglo XIX a las primeras décadas del presente.[2]

    El panorama comercial durante la primera mitad del siglo pasado es todavía escaso. La transportación de las mercancias, lo extenso del terreno y las poblaciones aisladas hacían difícil un tránsito continuo por esta área,[3] sin embargo, esto no impedía que empresarios ambulantes -como menciona Belinda Román-vieran la manera de hacer negocio:

“A pesar del carácter de privación sí se presentaban oportunidades para desarrollar comercio directo con Durango y Chihuahua, Sonora y Sinaloa. Caravanas originadas en Nuevo México [viajaban hacia el Sur] permitiendo el acoplamiento de comerciantes a todo lo largo del camino; de esta forma se aseguraban mientras pasaban por el territorio de los indios. Transportaban productos hechos a mano, carnes secas y pieles de búfalo, venado y chivo, chiles, ovejas, tabaco y sal. Esto era cambiado en las ferias por productos nacionales, importaciones como algodón, azúcar, armas, fierro, municiones, vino y licores”.[4]

 

    El trueque de los productos y el contrabando era parte de lo que se vivía cotidianamente durante esos años. Paso del Norte, dentro de esta red de caminos, seguía siendo un punto de contacto: vía de paso entre Chihuahua y Santa Fe.

 

“En lo que se refiere a la importancia de Paso del Norte dentro de este sistema, la comunidad funcionaba como un punto de tránsito en el Camino Real entre Chihuahua y Santa Fe; un lugar donde descansar y reaprovisionar. Las caravanas descansaban su ganado y compraban productos locales. Comerciantes se acoplaban a las caravanas hacia el sur llevando frutas y vinos para cambiar en las ferias”.

 

    Los cambios que trajo la segunda mitad del siglo XIX modificaron gradualmente el carácter de aislamiento y de precariedad comercial. Básicamente, podemos señalar entre los factores que perfilan esta nueva situación, los relacionados con la creación de la frontera en 1848, el sofocamiento de la apachería, la llegada del ferrocarril, el establecimiento por unos cuantos años de una zona libre, y el incremento de la población. Con el establecimiento de la zona libre (que abarca ya hasta los primeros cinco años del presente siglo), la ciudad experimentó cierto auge económico, artificial y transitorio, pero auge al fin.

 “Se establecieron grandes almacenes de ropa, vino y otros artículos franceses, alemanes, ingleses, orientales, etc. Se abrieron algunas fábricas y se construyeron grandes edificios con elegantes aparadores y oficinas comerciales. Durante este periodo Juárez alcanzó mayor importancia comercial que El Paso”.[5]

 

    Fue entonces cuando comerciantes de países europeos como los que se mencionan, otros del interior de los Estados Unidos, y la vecina ciudad de El Paso, Texas, se establecieron, aprovechando los veneficios de la zona libre. De tal manera, no es de extrañar que familias de apellidos de origen extranjero como Blumenthal, Coblentz, Herzog, Strauss, etc., desarrollaran algún tipo de actividad comercial e industrial en la localidad. El rápido crecimiento que experimentó Ciudad Juarez se desvaneció a una velocidad igual al suspenderse la zona libre, y una gran cantidad de población emigró hacia Estados Unidos.

    Los servicios turísticos constituyeron la base económica sobre la cual se apoyó la ciudad para construir diversos centros de atracción, como la plaza de toros, el hipódromo y otros. Se legalizaron los juegos de azar, las peleas de gallos y el box. Se multiplicaron al por mayor las cantinas, lo que constituyó la fuente principal de ingresos por muchos años. Más tarde, la La ley Seca en los Estados Unidos contribuyó para afianzar este tipo de economía, e hizo que varios comercios paseños se trasladaran a esta ciudad.

    La depresión económica de los años treinta provocó que el relativo crecimiento que había alcanzado la ciudad disminuyera, cayendo nuevamente en una crisis. Diversos centros turísticos se vieron obligados a cerrar, pero la economía no decayó por completo (en parte por el hecho de ser frontera), y seguió subsistiendo hasta los años cuarenta, cuando el Programa de Braceros le permitió desahogar y diversificar sus fuentes de ingreso.[6]

    Los datos señalados nos permiten aclarar más los rumbos que tomó la actividad comercial a mediados del presente siglo; sin embargo, retomamos la cuestión a principios de la década de los setente, sobre todo para distinguir cómo fueron creándose los grandes grupos comerciales que ahora dominan el comercio local. Aclaramos que los datos que a continuación se presentan forman parte de un trabajo de tesis de licenciatura elaborado en 1992, por lo que alguna información ha variado.

    De entre las actividades económicas en las cuales los empresarios han tenido mayores oportunidades de fortalecerse económicamente, e influir más allá de sus empresas, destacan las dedicadas a la promoción y la gestoría de la industria maquiladora (grupo maquilador) y las impulsoras de los grandes centros comerciales. Estos dos grupos de empresarios, que en algunas ocasiones se llegan a confundir, constituyen el sector más importante y dinámico que actúa en la ciudad. Aunque no constituyen una valoración del total de sector empresarial, podemos agrupar al grueso de los grandes comerciantes de la siguiente manera:

 Empresarios y sus grupos comerciales

 (Locales y regionales )

Grupo Futurama, Mares, Cantú-Murguía y Vallina[7]

Centros Comerciales Coloso (hoy Smart), Muñoz, Villarreal

Soriana-Hipermart, Martín Borque

Del Río Superettes, Federico de la Vega

 
De capital mayoritariamente extranjero

Wall-mart, norteamericano

Carrefour,[8] francés

    Tanto el grupo maquilador como el grupo comercial han sabido sacar provecho de las políticas e incentivos que les ha brindado la federación, y con el tiempo han ganado posiciones en la localidad y el estado. Esto les ha redituado en ganancias de todo tipo, como las medidas preferenciales a los empresarios dedicados al gran comercio,  y facilidades que van desde los créditos bancarios para la construcción de los centros comerciales (obtenidos a plazos más largos y con intereses menores), hasta las facilidades fiscales y las rebajas en la adquisición de terrenos para construcción. También se benefician con la importación de productos libres de impuestos, o bien, que tienen una tasa preferencial; en los tiempos de desplome de la moneda mexicana, han contado con dólares preferenciales para la importación de los productos extranjeros.

    La formación de los grandes grupos comerciales inicia a principios de la década de los setenta, cuando el gobierno federal intenta impulsar este tipo de actividad, entre otras cosas, como vía para allegarse divisas.

    El Programa de Comercialización Fronteriza empieza a funcionar en 1971 y sufre un breve lapso en su funcionamiento por dos años, reiniciando en 1984. Este Programa, que funciona de hecho como una “zona libre modificada”, reglamenta la importación de “artículos gancho” con el fin de evitar la fuga de compradores a la vecina ciudad, e intentar atraer a los consumidores paseños.

    A cinco años de inagurado el Programa, se establecen los primeros grandes centros comerciales: Futurama y Coloso, al estilo de los construidos en los Estados Unidos, con grandes áreas departamentales que ocupan varios pisos de altura y gran extensión de metros cuadrados. A partir de ese momento, la instalación de centros comerciales de los mismos grupos, y otros llegados de fuera de la ciudad se extiende con gran rapidez. Soriana empieza a expander sus centros comerciales el año en que es restablecido el programa de artículos gancho (1984). Este grupo comercial, originario de Torreón, Coahuila, es uno de los más importantes en toda la región, pues además de contar con establecimientos en Juárez, tiene otros en las ciudades más importantes del norte: Tijuana, Monterrey y Chihuahua capital.

    El gran auge que han tenido los centros comerciales se debe, en gran parte, a la serie de facilidades y prerrogativas otorgadas por el gobierno, y al giro que ha tomado la política económica federal hacia una mayor apertura y liberalización comercial, primero con la entrada de México al GATT, y después, con la aprobación del Tratado de Libre Comercio entre los países de Norteamérica.

    Dentro de los beneficios con que contaron los grandes inversionistas comerciales, por lo menos hasta antes de la firma del TLC, podemos mencionar los siguientes:

    a)     Adquisición de los terrenos mejor ubicados en la ciudad, sobre todo aquellos que se encontraban en áreas que ya contaban con todos los servicios disponibles; los mejores ubicados comercialmente hablando, y a precios que muchas veces no constituían su valor real.

    b)     Estos grupos logran importar gran parte de la mercancía que ocupan sus establecimientos, gracias al gran capital con que cuantan.

    c)      Las facilidades y beneficios de costumbre: importación de productos extranjeros a precios ventajosos para los grandes grupos, subsidios, exenciones fiscales, facilidades para la importación de equipo y maquinaria que utilizan, etcétera.


    A la par del desarrollo de los grandes centros comerciales se crean otros de menor superficie, las llamadas plazas o multimercados, mismos que con la apertura comercial han aprovechado el momento para su desarrollo. Finalmente, a lo largo de 1992 se dio también un auge en la creación de negocios con firmas internacionalmente conocidas, pero que con la perspectiva de la apertura, se expandieron rápidamente en nuestra ciudad por medio del llamado Programa de Franquicias.


[1] Desde que Alvar Nuñez Caveza de Vaca acuñó la idea de las tierras ricas en tesoros, los que viajaban por el Camino Real lo hacían con la idea de encontrar fortuna, como lo menciona Alfredo Uranga: “desde entonces todo el que viajaba al norte del país seguía deslumbrado por las fábulas de Alvar Nuñez, sobre las siete ciudades de Cibola, el Reino de Quivira, las ciudades de oro y los ríos de esmeralda que arrastraban pepitas de oro”. Véase Uranga, Alfredo, “Con 400 años de historia, el Camino Real de Tierra Adentro rompe fronteras”, artículo aparecido en internet.

[2] Algunos trabajos que pueden servir para este fin son: Román Belinda, “Observaciones sobre el ámbito económico de Paso del Norte a principios del siglo XIX”, actas del V Congreso Internacional de Historia Regional, UACJ, México, 1997; Gregg, Josiah, Commerce of the Prairies, Max Moorehead, E.U., 1954; Martínez, Óscar, Ciudad Juárez: el auge de una ciudad fronteriza a partir de 1848, Nuestro Tiempo, México; Castellanos, Alicia, Ciudad Juárez: la vida fronteriza, Nuestro Tiempo, méxico, 1981; Quintana, Víctor, “Las transformaciones en la estructura socioeconómica en Chihuahua”, en Revista DGIES, año1-núm.1, UACJ, Ciudad Juárez, México, noviembre de 1988.

[3] Belinda Román encuentra como parte de las dificultades u obstáculos para propiciar mayores vínculos comerciales, los siguientes: la caída del comercio de pieles a finales de la década de los veinte, la falta de efectivo, el tamaño del mercado local, y la amenaza constante de los apaches; op. cit., pág. 176.

[4] Román, Belinda. Op. cit., pág. 170.

[5] Castellanos, Alicia. Op cit., p. 94.

[6] Si hacemos caso de las cifras que nos presentan los censos de población, la actividad comercial no varió mucho desde la década del cuarenta hasta finales del setenta, pero sí varió, en cambio,  de esta última fecha a finales de los ochenta. Las cifras de ocupación comercial son las siguientes: 1940: 22.9% (PEA); 1950: 18.8%; 1960: 20.8%. Y después de la llegada de la maquiladora: 1970: 17.8%; 1980: 14.2%.

[7] La composición de los grupos comerciales corresponde a la fecha en que fue elaborado el trabajo.  

[8] Estos dos últimos centros comerciales se establecieron después de 1992, pero fueron agregados debido a su importancia y a las modificaciones trajo consigo su establecimiento en la localidad.

 

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